UN VIAJE DE SABORES INTENSOS

Estimular los sentidos y ponerlos a prueba. Experimentar. La persecución de nuevas sensaciones provoca el impulso y la necesidad de viajar, descubrir y paladear emociones. Conquistar y ser conquistado. Compartir el mismo estímulo que incitó a aquellos antiguos aventureros a recorrer el mundo, en busca de lo diferente. Porque la fascinación por lo exótico continúa siendo un motor vital.

Ya en el siglo XIII, un joven explorador europeo nos mostró la existencia de un nuevo mundo. Marco Polo nos reveló culturas y, por supuesto, sabores insólitos. Desde entonces, esos placeres culinarios se han ido incorporando a nuestra vida y a nuestra cultura viajera.

Ni siquiera este tecnologizado siglo XXI, ha logrado anular nuestra curiosidad. Ese interés por probar sabores peculiares y degustar los originales, allá dónde se encuentran, nos lleva hasta el continente asiático.

Cerdo agridulce aderezado con soja.

India y Ceylán. El origen de las especias.

El curry es una mezcla de especias, más o menos picantes, y hierbas aromáticas procedentes del continente asiático.

Pero, los ingleses descubrieron que las hojas del “verdadero curry” perdían su aroma demasiado rápido para poder comercializarlo. Con el espíritu práctico y comercial que les caracteriza, decidieron mezclarlo con otras hierbas y especias. El resultado final tiene pocas similitudes con el original.

El nombre procede de la palabra Tamil KARI (salsa). Su sabor penetrante y un tanto picante es característico de la hoja del “árbol del curry”. Una planta originaria del Sur de la India y la antigua Ceylan conocida, desde hace cuarenta años, como Sri Lanka.

La lágrima de La India.

La cuna, no solo del curry sino del té y la canela (cinnamon), es un paraíso de elefantes, monos, docenas de aves extraordinarias, árboles exóticos y monumentos abrumadores.

Ya en Colombo, su capital, nos invade la necesidad de perdernos entre la inmensidad de tiendas y callejuelas del mercado de Pettah. Todo un barrio dedicado a la venta de productos locales que, por supuesto, incluyen las especias. Inmediatamente, nos invade el olor a curry, la humedad y los rickshaws. Esos pequeños vehículos de dos ruedas, en los que el hombre ejerce de motor, nos servirán para llegar a la mezquita más grande de la ciudad, Jami Ul Alfar. Su fachada de ladrillo rojo nos facilitará su localización. En toda la isla, encontramos templos musulmanes, hinduistas o cristianos, aunque la mayoría de los habitantes son budistas.

Cuando el budismo llegó a Sri Lanka, se instaló en un sistema de cuevas situado en el Norte y utilizado desde los tiempos de la prehistoria. Llegar al Templo Dorado de Dambuya resulta muy fácil, desde la ciudad. El templo está situado a los pies de las cuevas y es fácilmente reconocible por el gigantesco Buda que lo corona y su gran estupa dorada. Al lado de la gran estatua, una larga escalinata asciende hasta la roca de 160 metros de altura, donde se encuentran las cinco cuevas principales. Más de 160 esculturas de Buda se mezclan con dioses y diosas hinduistas y algunos de los antiguos reyes de la isla. Ochenta grutas dedicadas a una espiritualidad, sin exclusivas.

Templo Dorado en Darbuya.

Más sabores del continente asiático.

Los chinos son expertos en la obtención de sabores intensos y pioneros en la fermentación de alimentos. De esas grandes facultades orientales nace la salsa de soja, base de casi todos los platos orientales. Su triunfo en el mundo se debe a que contiene los cinco componentes de sabor: dulce, salado, ácido, amargo y umami (del japonés, sabroso), el ingrediente capaz de equilibrar y mejorar el resto de sabores.

Hace más de tres mil años, un sabio emperador chino escribió sobre sus cualidades nutritivas y su utilización en la prevención de enfermedades. Quizá, por esa razón, el uso y el propio cultivo de la soja, se han extendido por todo el mundo.

El haba de soja nace en el Noroeste de China, y una de sus provincias más emblemáticas es Shaanxi, calificada como la cuna de esta civilización oriental. La capital actual, Xi´an, está considerada como el punto de inicio de la Ruta de la Seda y su muralla atestigua su glorioso pasado. Es una de las fortificaciones mejor conservadas de China y uno de los mayores sistemas defensivos de la antigüedad.

Pero, un gran descubrimiento arqueológico convirtió a Xi´an en la gran atracción turística, su magnífico Ejército de Terracota. Hasta el momento, han sido localizados más de ocho mil guerreros. Este increíble conjunto de grandes soldados, reconocido como la octava maravilla del mundo, ha permanecido enterrado durante más de dos mil años. El contacto con el oxígeno del siglo XX, no les sentó nada bien y los pigmentos que cubrían las figuras de terracota se desintegraron en contacto con el aire.

Ejército de Terracota en Xi an.

No podemos abandonar Xi´an sin visitar la Gran Pagoda del Ganso Salvaje. Se cuenta que, un monje budista construyó el templo para almacenar todas las escrituras budistas que había adquirido y recopilado en La India.

Pero, ni India ni China nos enseñaron a disfrutar del picante. Muy cerca, el país del Sol Naciente añadió ese punto especial a la salsa de soja.

El picante japonés.

El wasabi es el condimento perfecto para el sushi japonés. De color verde, su fuerza produce cierta sensación de ardor y sus vapores llevan el picor a las fosas nasales. Sin embargo, esta raíz, similar al rábano, resulta muy difícil de cultivar. Uno de los pocos lugares adecuados para su plantación es la península de Izu. Una zona privilegiada y no sólo por contar con el preciado wasabi. Verdes colinas, aguas termales, spas, balnearios, playas y su cercanía a la capital, Tokio, convierten a este rincón del Pacífico, en una verdadera atracción turística. Además está protegida por el Monte Fuji, el monte sagrado de los japoneses.

Pero ese gozo del picante, en apariencia un tanto masoquista, llegó desde otro continente, el americano. Existe constancia de la utilización del chile, en Méjico, desde hace miles de años.

Salmón y wasabi, plato típico si viajas a cualquier ciudad de Japón.

Sabor de fuego.

Ese “sabor de fuego” tiene su origen en Méjico. Una tierra, en la que sesenta y cuatro especies diferentes de chile compiten por destacar. Pero, es el “chile habanero” el que se alza con el triunfo. Al contrario de lo que su denominación sugiere, este “regalo del infierno” proviene de la Península de Yucatán, poseedora la Denominación de Origen del chile más picante del mundo.

La capital de Yucatán ofrece una “salsa infierno”, sólo apta para los paladares más resistentes. Mérida asombra al visitante con sus impresionantes casonas de aire colonial.

La riqueza de esta península no se asienta, exclusivamente, en sus magníficas playas de Cancún o la Riviera Maya. El rastro de su antigua cultura enriquece los frondosos parajes. La gran ciudad de los mayas nunca pasará desapercibida, aunque se encuentre a cien kilómetros de la costa.

México se jacta de tener los chiles y guindillas más picantes del mundo.

No hay guía viajera que se resista a destacar Chichén Itza y su complejo arqueológico. Su estructura demuestra los grandes conocimientos en matemáticas, astronomía, geometría, e incluso acústica, de la civilización maya. Emociona la altura de la gran Pirámide de Kukulkán y también su perfecta simetría. Las cabezas de la Serpiente Emplumada, Ketzakoalt, o la cancha del Juego de Pelota, impresionan. Una ciudad avanzada, instalada en medio de la inmensa selva, gracias a su fuente de agua dulce y su cenote sagrado. Todo un alarde de conocimiento, de capacidad creativa y constructora de una cultura milenaria. Los mayas demostraron su pasión por las mega-construcciones, pero también, su increíble fortaleza gustativa.

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